domingo, 22 de enero de 2012

FLAVIO BELISARIO Parte III y última.

Belisario, ciego, pidiendo limosna en la puerta de Santa Sofía.
(Jacques-Louis David)

Aprovechando el tesoro arrebatado a los vándalos en el norte de Africa, Justiniano Iº mandó a Belisario a recuperar la península itálica y Roma donde gobernaban los ostrogodos. En la primavera del año 536 con un ejército de 15.000 hombres desembarcó en Reghium, en el sur de Italia, sin encontrar prácticamente resistencia llegó a Nápoles, y como no se rendía, la sitió, con tan solo 20 días de asedio Nápoles cayó. Toda la guarnición goda que había defendido la ciudad fue pasada a cuchillo,. De esta forma Belisario advertía a todos los godos: mataría a todo aquel que opusiera resistencia a la liberación de Italia. Había ido dejando guarniciones en todas las plazas fuertes con lo cual se presentó a conquistar Roma con un ejército de solo 10.000 hombres. En Diciembre del 536, Belisario entró en Roma sin prácticamente oposición de los ostrogodos que salieron huyendo. De inmediato de puso a reforzar todas las defensas de Roma y hacer acopio de víveres. Tal y como preveía, al poco tiempo, se presentó ante la ciudad el rey Vitiges con un ejército de 20.000 ostrogodos, (el doble de la tropa de Belisario) que puso sitio a Roma. Como toda ayuda Justiniano Iº le mandó 1.600 jinetes mercenarios hunos en la primavera del 537, con estos jinetes y con sus “bucellarii” se dedicó a realizar salidas de acoso y rapiña al ejército ostrogodo, minándoles progresivamente la moral. Así estuvo Belisario aguantando el sitio de Roma durante casi año y medio. Por fin en la primavera del año 538 recibió un contingente de 5.500 infantes y 2.000 jinetes, el rey Vitiges al ver lo que se le venía encima levantó el asedio de Roma y regresó a su capital en Rávena. Belisario con su ejército de casi 20.000 soldados se dirigió a la conquista de todo el norte de Italia, una a una todas las ciudades y fortalezas ostrogodas fueron conquistadas. A comienzos del año 540 Belisario puso sitio a la capital Rávena, donde resistía el rey Vitiges con 25.000 soldados. Poco después llegó a Italia un nuevo ejército bizantino al mando del general Narsés (era un eunuco de la corte que había llegado a convertirse en Gran Chambelán de Justiniano). Belisario le ordenó a Narsés que viniera a ayudar en el sitio de Rávena y éste se negó a obedecer la orden de Belisario, se dedicó a actuar por su cuenta. Al final todos los nobles ostrogodos, viendo que no tenían salida, y deseosos de mantener sus riquezas y poderes, ofrecieron a Belisario convertirse en su rey. Lo que mas respetaban los godos, por encima de todo, era la fuerza, inteligencia y habilidad militar que poseía Belisario, era un gran guerrero y una persona honorable a la que admiraban y respetaban. La oferta era un arma de doble filo que podía acabar con Belisario, por otra parte, viendo la actitud de Narsés de no ayudar para acabar con el sitio y expulsar a los ostrogodos, algo tenía que pactar para acabar con el sitio de Rávena. Belisario aceptó la oferta de los nobles ostrogodos a cambio de que se rindiera Rávena, así se hizo, pero una vez se rindieron y entró en Rávena, hizo una proclama entregando la corona a su emperador JustinianoIº por lo que éste pasó a ser rey de Italia, añadió una cláusula para satisfacer a los ostrogodos en la que decía que Belisario no sería rey de Italia mientras Justiniano Iº viviera. Esta cláusula agradó a los nobles ostrogodos pero fue un grave error político ya que provocó la desconfianza definitiva de su emperador Justiniano Iº. Belisario regresó a Constantinopla con el rey Vitiges encadenado, un gran tesoro en lingotes de oro y plata y 7.000 soldados ostrogodos enrolados en su guardia personal. Este fue el mayor triunfo de su carrera, había reconquistado toda la península Itálica, pero se encontró con un recibimiento frío por parte de su emperador, su desconfianza hacia Belisario era profunda, probablemente el emperador se habría librado de Belisario pero los persas volvían a estar en guerra en la frontera del este y lo necesitaba. En los años 541 y 542 Belisario estuvo al mando de la defensa contra los ataques continuos del ejército persa, gracias a la caballería pesada formada con los ostrogodos pudo hacer frente en varias batallas a los “catafractos” del rey persa Cósroes Iº, hasta que se firmó un nuevo tratado de paz entre los persas y el Imperio Bizantino. Mientras tanto en Italia los ostrogodos, sin la amenaza de Belisario, se fueron rehaciendo, nombraron un nuevo rey, Totila, y los bizantinos, al mando de varios generales, fueron incapaces de parar a los ostrogodos que les fueron venciendo batalla tras batalla. La situación se puso tan difícil para los bizantinos que Justiniano Iº, pese a su desconfianza y reticencias, no le quedó otra salida que volver a mandar a Belisario a Italia, pero lo mandó a él solo con sus “bucellarii”, con su guardia personal, sin un ejército al que comandar y sin dinero. Belisario se gastó gran parte de su fortuna personal en esta campaña, que duró cuatro años, desde el 544 al 548 , en Tracia contrató 4.000 soldados que junto con sus 1.000 “bucellarii” fueron toda su tropa. Fueron cuatro años de peligros y sinsabores, sin recibir ningún refuerzo de su emperador, de una parte a otra de Italia rechazando todos los ataques de los ostrogodos. A pesar de todo, el día 1 de Enero del año 547, realizó una de las azañas militares mas grandes de la historia, aprovechando que el rey Totila con el grueso de su ejército ostrogodo estaba batallando en el sur de Italia contra el ejército bizantino de Juan el Sanguinario, Belisario en un golpe brillante reconquistó Roma, ¡¡¡con sólo 5.000 soldados!!!! Fue una acción audaz e inteligente que dejó asombrados tanto a los bizantinos como a los ostrogodos. Totila se movilizó de inmediato, con el grueso de su ejército asedió Roma durante un año, pese a los furiosos asaltos de los ostrogodos no pudieron con la maestría defensiva de Belisario. El emperador no le mandó refuerzos y no tuvo otra salida que abandonar Roma. Salió de Roma con 200 infantes y 700 jinetes de su guardia personal, en su camino hacia el sur los ostrogodos lo acosaron, sufrió una emboscada de la que salió vivo gracias a su coraje, llegó a Otranto con tan sólo 50 jinetes, allí vio que el ejercito de Juan el Sanguinario había perdido la mitad de sus tropas, volvió a reclamar ayuda a Justiniano y la contestación de éste fue una orden por la cual le relevaba del mando. Belisario regresó a Constantinopla, esta vez sin ningún triunfo. Estaba ya retirado cuando en el año 559 unas tribus eslavas habían cruzado la frontera del norte y se dirigían hacia la capital Constantinopla, Justiniano Iº volvió a pedir ayuda a Belisario, el cual organizó un ejército con rapidez haciendo frente a los eslavos logrando diezmarlos y expulsarlos mas alla de la frontera. Justiniano Iº volvió a olvidarse de premiar los esfuerzos de Belisario quien volvió a retirarse en busca de acabar sus días dignamente. No fue así, en el año 563 fue acusado de corrupción por Procopio de Cesarea, su anterior secretario, fue declarado culpable, se le confiscaron sus bienes y fue encarcelado. Una parte de los historiadores dicen que a las pocas semanas el emperador Justiniano Iº tuvo un gesto de favor hacia su antiguo general y lo sacó de la cárcel devolviéndole sus bienes. Otros historiadores cuentan que, en la cárcel lo torturaron, poniéndole una gota de oro incandescente en cada ojo, dejándolo ciego, luego Justiniano lo dejó libre sin devolverle sus bienes, de forma tal que se vio obligado a pedir limosna junto a otros mendigos a la puerta de Santa Sofía, el pueblo lo reconoció y día a día el clamor popular se hizo tan fuerte que Justiniano Iº se vio en la obligación de devolverle su “domus” (su casa) junto con cuatro criados y una pequeña renta de subsistencia. Al menos le quedó algo que Justiniano Iº no ha podido quitarle, y es la gloria histórica de ser el mejor general de toda la Edad Media, en mil años no hubo otro mejor que él. Hoy en día Belisario sigue siendo un héroe que lo dio todo por su emperador y nunca recibió nada a cambio, igual que le ha ocurrido a muchos otros.

sábado, 21 de enero de 2012

FLAVIO BELISARIO Parte II


Hipódromo Constantinopla

A comienzos del año 532 estaba Belisario descansando en Constantinopla cuando estalló la “Revuelta de Niké”. Los seguidores de las carreras de cuadrigas del hipódromo se dividían en dos facciones, verde y azul, con el tiempo habían adquirido un gran protagonismo, formaban parte de la policía,de los políticos etc, ocupaban todos los estamentos de la sociedad en Constantinopla. La revuelta empezó con tintes sociales, pretendían una reducción de los altos impuestos que pagaban las clases mas bajas (que eran mas numerosas), al parecer, el detonante fue unas detenciones de miembros de ambas facciones, que les parecieron muy injustas, ante lo cual los verdes y los azules pactaron una tregua y juntos se lanzaron a una revuelta a gran escala, se les unieron varios senadores, políticos, militares y miembros de la policía y de la milicia urbana, la cosa fue subiendo de tono hasta que se intentó asaltar el palacio del emperador y destronarlo. Justiniano Iº pidió ayuda a Belisario el cual con la ayuda del gobernador militar de Iliria, Mundus, con tropas armadas con corazas, fueron empujando y juntando a los manifestantes, calle por calle, hasta el hipódromo, habían unos 30.000 manifestantes en el mismo cuando entraron las tropas de Belisario por una puerta y las de Mundus por la puerta opuesta, matándolos a todos, fue un baño de sangre. Los valores morales y la vida humana, en esa época, no tenían el mismo sentido que ahora. No fue nada agradable para Belisario, pero su lealtad y obediencia a su emperador, como capitán general que era, estaban por encima de sus sentimientos.

Justiniano I

Los vándalos, una tribu germánica, hacía mas de cien años que habían invadido España y habían conquistado todo el norte de Africa. La capital del reino vándalo era Cartago, en Túnez, la antigua capital de los cartagineses. En el verano del año 533, Belisario al frente de una fuerza de tan sólo 15.000 hombres en total, desembarcó en la costa de Túnez, dispuesto a echar a los vándalos del norte de Africa. El 13 de septiembre de 533, a diez millas de Cartago, se enfrentó al ejército vándalo de 20.000 soldados al mando de su rey Gelimer, general que era muy competente y disponía de una caballería pesada muy superior a la de los romanos, además habían tomado posición y formado una gran línea defensiva. Belisario volvió a mostrarse como un gran estratega militar, sabía que enfrentarse frontalmente al ejército de los vándalos hubiera sido su perdición, dividió en dos su caballería ligera formada por mercenarios hunos (arqueros a caballo) y atacando por los flancos a los vándalos les causó grandes daños y desorganización, a cambio tuvo que sacrificar varias unidades de infantería romana atacando por el centro. En ésta primera batalla llamada “Ad Decimum” murieron el hermano y un sobrino del rey Gelimer, Belisario logró una gran victoria, al día siguiente entró en Cartago, lo que quedaba del ejército vándalo huyó con su rey. Gelimer no estaba dispuesto a perder su reino tan fácilmente, se estableció a 150 Km al oeste de Cartago, mandó emisarios pidiendo y recibiendo tropas de refuerzo. Reunió un ejército de 50.000 soldados, superaba en más de tres veces al ejército de Belisario. Con éste numeroso ejército avanzó hacia Cartago dispuesto a recuperarla y echar a los romanos de Africa. Gelimer acampó su ejército a 27 kilómetros de Cartago, en Tricamerón, decidiendo esperar allí a los romanos, Belisario estudió la situación y no tardó en complacer a los vándalos, el 15 de Diciembre del 533 entabló batalla con los vándalos, como he dicho en una proporción superior de 3 vándalos por cada romano. Otra vez se enfrentaba en la posición elegida por los vándalos, con un ejército muy inferior en número, y otra vez el genio militar de Belisario se impuso, y otra vez la movilidad de sus arqueros hunos a caballo al mando de su comandante Juan el Armenio fue determinante, diezmaron a la caballería vándala, con lo que pudo avanzar la infantería romana para rematar la gran victoria. Gelimer cuando vio a sus mejores tropas, la caballería, destrozadas y al ver el avance de la infantería romana, le entro un ataque de pánico y huyó del campo de batalla, solo con su guardia personal, dejando a su ejército sumido en el desconcierto, los vándalos huyeron en todas direcciones sin entablar batalla con la infantería romana. Tras esta gran victoria el ejército vándalo se desintegró, Gelimer huyó a Hispania, Belisario consiguió un inmenso tesoro acumulado por los vándalos y recuperó para el Imperio Romano todo el norte de Africa mas las islas de Córcega, Cerdeña y Las Baleares. Teniendo en cuenta las escasas tropas con las que había dispuesto Belisario, su victoria total sobre los vándalos fue una auténtica proeza. Cuando en el 534 Belisario regresó a Constantinopla fue recibido como un héroe, el senado lo propuso y Justiniano Iº le otorgó un “Triunfo”, era el gran premio que se les concedía a los grandes generales romanos después de haber conseguido grandes victorias que beneficiaran al Imperio, éste fue el último “Triunfo” que se otorgó en el Imperio Romano, nadie mas en los siglos siguientes lo consiguió. Además lo nombró “Cónsul único”del Imperio. Durante el desfile triunfal, quizá queriendo hacerse perdonar por el pueblo de Constantinopla de su atroz intervención para terminar con la “Revuelta de Niké”, Belisario hizo uso de parte de sus riquezas lanzando monedas de plata y oro a la multitud que le aclamaba. Aquí empezó una envidia encubierta del emperador hacia su general, incomprensible pero cierta, el pueblo apreciaba mas a Belisario que a Justiniano.


Constantinopla en el s. V

jueves, 19 de enero de 2012

FLAVIO BELISARIO Parte 1



En éste relato os hablaré de uno de los cinco mejores generales de la Historia, su nombre Flavio Belisario, se cree que nació en el año 500 ó 505, en la ciudad de Tchermen (Tracia), sus padres pertenecían a la nobleza del Imperio Romano de Oriente denominado también Imperio Bizantino, con la capital en Constantinopla. Con siete años comenzó su educación en la ciudad de Adrianópolis, recibió una sólida formación militar, dominaba varias lenguas y por supuesto el latín y el griego. Fué un estratega enorme, un genio militar, siempre mandó ejércitos inferiores en número a los del enemigo y siempre salió victorioso. La Historia Occidental lo ha tenido siempre “olvidado”, de igual manera que, a partir de la caída de Roma en el año 476 d.C, se olvidó del Imperio Romano de Oriente siendo como era la continuación del Imperio Romano. Para Occidente la Edad Media empezó en el 476 d.C cuando la tribu germánica de los hérulos, al mando de Odoacro, depuso al último emperador romano occidental Rómulo Augústulo. La realidad es que la caída verdadera del Imperio Romano se produjo en el año 1453 con la caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos, el mismo acontecimiento en Occidente marcó el final de la Edad Media. Pero vamos a continuar con nuestro general Belisario.

Procopio de Cesarea, secretario personal de Belisario, le acompañó desde su infancia hasta el año 540, años después escribió la Historia Secreta gracias a la cual nos han llegado los grandes hechos de Belisario. Con 20 años ya tenía su propio regimiento formado por 200 soldados a caballo a los que había instruido personalmente, sabían cabalgar y disparar el arco dando en el blanco (imitando lo mejor que tenían los hunos), sabían luchar con lanza a caballo con armadura completa (imitando a los terribles “catafractos”, la caballería pesada persa), por último los instruía como la mejor infantería con escudo y espada (como legionarios romanos, la mejor infantería de la época), era una unidad de élite, era su guardia personal, la pagó siempre con su dinero, se les llamó “bucellarii”, con el tiempo llegó a ser la mejor fuerza de élite de la época y el núcleo del nuevo ejercito bizantino con el que conseguiría sus grandes éxitos en el futuro, los “bucellarii” combatían con coraza puesta en todo el cuerpo Con éste primer escuadrón de 200 soldados realizó incursiones en el alto Danubio enfrentándose a la tribu de los gépidos, derrotándolos con acciones de guerrilla, haciendo prisioneros y botín. Al año, con su ejército personal, que ya era de 600 hombres, operaba en incursiones de castigo, en el bajo Danubio, contra los hunos, causándoles muchas bajas, haciendo muchos prisioneros y tomando botín. Por estas hazañas fue ascendido al rango de “patricio distinguido” e ingresó en la guardia del general Justiniano que en esas fechas era el comandante del ejército de Oriente y sobrino y heredero del emperador Justino Iº.

En el año 527 muere Justino Iº siendo nombrado Justiniano Iº nuevo emperador, Belisario se encuentra en el frente oriental en la fortaleza de Daras, ciudad fronteriza que servía para evitar que los persas hicieran incursiones por sorpresa en territorio bizantino. Belisario recibió la orden de construir una nueva fortificación tres millas mas hacia el oeste, justo en el límite fronterizo, planifico y construyó rápidamente el castillo de “Migdon”, el cual fortificó a toda prisa, temía que los persas se dieran cuenta enseguida y quería que cuando atacaran tener el castillo fortificado. Cuando los persas se dieron cuenta estallaron de rabia y mandaron un mensajero a Daras pidiendo que se desmantelara la nueva fortificación de inmediato. Los persas viendo que el castillo de “Migdon” no era evacuado mandaron una tropa de 8000 hombres y otros tantos soldados bizantinos salieron del castillo a presentar batalla a los persas, Belisario no estaba en “Migdon”, estaba enfermo en Daras por lo que no pudo estar en la batalla, la lucha fue dura y acabó en tablas, pero los bizantinos inexplicablemente se retiraron del castillo, en vez de hacerse fuertes en el, se retiraron a Daras, los persas tomaron el castillo. A los pocos días, cuando Belisario se recuperó un poco de las fiebres que lo tenían postrado, formó a su regimiento personal, de 1000 jinetes “bucellarii”, y con él al frente, se presentó ante el castillo de “Migdon” enfrentándose a las tropas persas que eran siete veces superiores en número, acabó reconquistando el castillo. Como el resto de las tropas bizantinas, al mando de otro general, no lo habían secundado, a los pocos días, no pudiendo sostener la posesión del castillo tuvo que evacuarlo. Los persas de inmediato demolieron el castillo. Cuando Justiniano Iº leyó el informe de lo sucedido, vio que Belisario fue el que mejor actuó y que no tenía ninguna culpa de lo sucedido, por lo cual le nombró comandante en jefe de todo el ejército de Oriente, a partir de aquí Belisario ya nunca tuvo a nadie por encima, salvo su emperador.

En Julio del año 530 se desarrolló la batalla de Daras. Los persas con un ejército de mas de 40.000 hombres, todo él de tropas regulares y con 2.000 catafractos, al mando del general Perozes, se dirigía a conquistar la fortaleza de Daras para poder abrirse paso hacia el interior del Imperio Bizantino. Belisario con levas de poca calidad y novatos, junto con mercenarios y sus 1.000 “bucellarii”, montó un ejército de 25.000 hombres con el que derrotó a los persas, gracias a su habilidad táctica, causó mas de 5.000 bajas a los persas y el resto salió huyendo. Belisario, siempre informado de los movimientos del ejército persa, y previamente a su llegada, eligió y preparó defensivamente el campo de batalla con empalizadas de estacas afiladas para defender a su infantería y arqueros, y con fosos para parar a la caballería pesada persa de catafractos, obligando a los persas a dividirse y poder ser él quien los atacara por sus flancos con sus “bucellarii”. Fue su primera gran batalla ganada, hacía muchísimos años que los romanos no ganaban a los persas en una gran batalla. Pocos meses después se desarrolló la batalla de Calinico, ataque que realizó Belisario dentro de territorio persa, donde el resultado fue de tablas, murieron 6.000 bizantinos y 7.000 persas, el ejército persa era superior y casi todo compuesto de caballería su mejor arma. Estas dos batallas permitieron a Justiniano Iº la firma del tratado “Paz Duradera”, en 532, con los persas, a partir del cual, pacificada la frontera oriental, con Belisario al frente del ejército bizantino, emprendió la restauración del Imperio Occidental, conquistando, de nuevo, el norte de Africa y la península itálica.

domingo, 31 de julio de 2011

LA TUMBA DE ALEJANDRO MAGNO:

El 13 de Junio del año 323 a.C, según el calendario juliano, se declaró la muerte de Alejandro Magno, en Babilonia, al parecer de los expertos de hoy dia, de una pancreatitis aguda. Hubo peleas entre sus generales por hacerse con los restos de su Rey, al cabo de un mes se impuso el general de la caballería Pérdicas, fue nombrado Regente del Imperio, se acordó también que el cadáver de Alejandro fuera llevado a Egipto, estuvieron un año construyendo el catafalco funerario en oro y piedras preciosas. En esos meses Pérdicas reafirmó su poder sobre el resto de generales y, seguramente influenciado por Olimpia, la madre de Alejandro, decidió llevar los restos de Alejandro a Macedonia, en contra de los acuerdos adoptados un año antes entre todos los generales. Ptolomeo ya se había proclamado faraón de Egipto y necesitaba los restos de Alejandro en Egipto para reafirmar y consolidar su posición en Egipto. Pérdicas con su ejército debía de salir en campaña a Asia Menor y dejó encargado del traslado de los restos de Alejandro hacia Macedonia a uno de sus oficiales llamado Arrideo. En el verano del año 322 a.C se pone en marcha la procesión funeraria desde Babilonia hacia el sur ya que Arrideo ha llegado a un acuerdo con Ptolomeo para llevar el cortejo fúnebre a Egipto, desobedeciendo a Pérdicas. Este se entera una semana después, manda dos batallones de caballería por delante para coger a Arrideo y conducir el cortejo fúnebre hacia el norte, pero cuando llegan, el ejército de Ptolomeo ya está escoltando el cortejo hacia Egipto y la caballería de Pérdicas ,el Regente, es rechazada. Pérdicas, furioso, atacó Egipto con todo su ejército en la primavera del 321 a.C. Intentó por dos veces forzar el cruce del rio Nilo, fallando en ambas oportunidades sufriendo enormes pérdidas entre sus tropas, muchos cayeron al rio siendo arrastrados por la corriente y devorados por los cocodrilos. Los propios oficiales del Regente asesinaron a Pérdicas con sus lanzas y ofrecieron la regencia a Ptolomeo, éste la rechazó cortésmente.
Ptolomeo en Menfis depositó los restos de Alejandro en una tumba que estaba ya construida para Nectanebo II (el último faraón vivo y nativo que había huido a Etiopia).
Ptolomeo II Filadelfo, hijo de Ptolomeo, trasladó la tumba de Alejandro de Menfis a Alejandría (ciudad fundada por Alejandro en el año 331 a.C). No se sabe nada de la ubicación de ésta tumba construida por Filadelfo. Esta primera tumba de Alejandro en Alejandría fue reemplazada por un magnífico mausoleo en el centro de Alejandría en el año 215 a.C ,por el nieto de Filadelfo, Ptolomeo IV Filopator, éste mausoleo se levantaba dentro de un enorme recinto sagrado conocido como el Soma, que fue el más famoso y sagrado santuario del mundo antiguo, ya que en Egipto y durante todo el Imperio Romano, hasta Constantino, Alejandro Magno fue venerado como un dios.
En el año 89 a.C, Ptolomeo XI fundió el ataúd de oro macizo que contenía la momia de Alejandro y usó el oro para pagar a sus soldados.
En el año 48 a.C, Julio César persiguiendo a Pompeyo llegó a Alejandría, el joven faraón Ptolomeo XIII le presentó como regalo la cabeza amputada de Pompeyo, Julio César enojado lo depuso, mandó asesinarlo y cedió el trono a su hermana la reina Cleopatra. César peregrinó a la tumba de su héroe Alejandro en el mausoleo de Soma.
Cleopatra después de un espectacular reinado y puesta en amores con Marco Antonio, fue finalmente vencida y depuesta por Octavio (futuro emperador César Augusto). Llegado Augusto a la tumba de Alejandro Magno, ordenó que le sacaran el sarcófago de la cámara funeraria para coronarlo con una corona de oro que llevaba, tuvo un pequeño descuido, se le resbaló la corona, y rompió una parte de la nariz de la momia de Alejandro.
En el año 19 d.C. Germánico, acompañado de su hijo Cayo Calígula que contaba 7 años, visitó también el Soma de Alejandro. Cuando Calígula fue proclamado emperador, ordenó que le trajeran la coraza de oro de Alejandro de su tumba, la usó en alguna de sus actuaciones.
En el año 69 d.C Vespasiano y Tito también visitaron la tumba de Alejandro.
En el 130 d.C. también la visitó Adriano.
En el año 200 d.C. la visitó Septimio Severo. Se horrorizó de ver la facilidad de acceso que tenía la tumba y lo deteriorada que la encontró, de forma que ordenó que fuera sellada.
La última visita imperial documentada es la del hijo de Septimio Severo, el emperador Caracalla, en el año 215 d.C., dejó su anillo y su cinturón como tributo a Alejandro.
Se sabe que en el año 365 Alejandría sufrió un gran terremoto seguido por un tsunami gigantesco (¡¡en el Mediterraneo!!) que arrasó toda la costa del Mediterráneo Oriental. En Alejandría los barcos fueron levantados hasta dejarlos encima de los tejados de los pocos edificios que quedaron en pié. Esta es la ocasión más probable de la total destrucción del Soma. Veinticinco años después Teodosio (emperador romano del Imperio Oriental ya cristiano) publicó una serie de decretos prohibiendo el culto a los dioses paganos entre los cuales Alejandro era uno de los principales. En Alejandría los cristianos causaron muchos disturbios destruyendo el Serapeo, principal templo pagano. Desde entonces los restos y la tumba de Alejandro Magno desaparecen de la historia. Luego llegaron los musulmanes, en textos árabes del siglo IX y X, se alude al sarcófago vacío probablemente bajo la mezquita Atarina, donde fue encontrado en 1798 por el ejercito de Napoleón, se creía que era el sepulcro de Alejandro, después los ingleses vencieron a Napoleón, el sarcófago fue llevado a Inglaterra en 1801 y está depositado en el Museo Británico de Londres. En 1822 cuando Champollion descifró los jeroglíficos de la piedra roseta y, por fín, pudo descifrarse la escritura jeroglífica egipcia de éste sarcófago se vió que era el preparado para Nectanebo II, que debió de contener el ataúd de oro macizo que contenía la momia de Alejandro, que Ptolomeo II Filadelfo trasladó desde Menfis a Alejandría. De los restos de Alejandro, de su Mausoleo o Soma en Alejandría nada se sabe a ciencia cierta, sólo unas losas de alabastro pulido en una de sus caras encontradas en lo que debio de ser el cementerio latino en Alejandría que podrían haber formado una tumba similar a la encontrada en Vergina (Macedonia) de Filipo II, el padre de Alejandro, por Manolis Andronikos en 1977. Hay estudiosos , A.M.Chugg, que llegan a ubicar los restos de Alejandro en la Basílica de San Marcos en Venecia, traídos desde Alejandría a Venecia por dos mercaderes venecianos en el siglo IX convencidos de que eran los de San Marcos. Llevamos 1700 años buscando los restos y la tumba de Alejandro y no la encontramos.
Uno de los sarcófagos atribuido a ser el de Alejandro Magno se encontró en el Líbano, cerca de Sidón, en el año 1887 por un artista turco llamado Osman Hamdi, junto con otros asombrosos sarcófagos milagrosamente intactos, unos esculpidos en estilo egipcio y otros labrados según los cánones del arte griego del siglo IV a.C. Uno de ellos, el más espectacular, de inmediato se atribuyó a que era el Sarcófago de Alejandro, así se sigue llamando hoy en día, es la pieza más destacada del Museo Arqueológico de Estambul que fue construido para albergar éstas piezas, aun conserva clarísimos restos de policromía original, tiene forma de arca y la tapa reproduce el tejado de un templo de doble vertiente, en los laterales se representan en altorrelieve, escenas de batallas entre griegos y persas, en los que se reconoce perfectamente los rasgos de Alejandro Magno por su yelmo y sus facciones, en los que es el protagonista absoluto de cada una de las franjas laterales. El sarcófago está esculpido en mármol pantélico, el mismo con el que está realizado el Partenón de Atenas. Seis escultores jonios firmaron la obra en dialecto ático. Pero no es el sarcófago de Alejandro, no, es el de Abdalónimo rey de Sidón, el rey jardinero. ¿os acordais de la historia anterior en que os conté cómo Alejandro eligió a Abdalónimo como rey de Sidón?. El mismo. Tal y como ha demostrado Karl Schefold de manera convincente en la década de 1960, éste sarcófago se hizo después de la muerte de Abdalónimo ( año 311 d.C) por sus herederos, en homenaje al gran rey Alejandro y a la admiración que Abdalónimo sentía por el. En los lados cortos del sarcófago se representa al rey Abdalónimo cazando una pantera y en el otro una batalla, posiblemente la de Gaza.
Espero que ésta historia sobre la tumba de Alejandro Magno os haya gustado. Ya sabeis: os deseo que leais mucha historia, es apasionante.

viernes, 29 de julio de 2011

ALEJANDRO MAGNO Y ABDALONIMO REY DE SIDON.

Hoy voy a contaros dos historias cuyo protagonista es el general más importante e impresionante de la Historia conocida de la humanidad, el más heroico de todos los grandes conquistadores, superior al mítico Aquiles, que ha inspirado a los grandes generales conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte:

Alejandro III de Macedonia, el Magno, hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpia reina de Epiro, nacido en Pella (Macedonia) el 20 de Julio del 356 a.C y muerto en Babilonia el 13 de Junio del año 323 a.C de muerte natural (una pancreatitis aguda), aunque su cuerpo, según sus embalsamadores, presentaba un centenar de cicatrices, no había más de cuatro dedos del mismo sin una cicatriz por heridas en el campo de batalla. En todas sus batallas él iba delante de sus soldados, a lomos de Bucéfalo, entraba y salía de las líneas de combate con una valentía y temeridad increíbles. Dos veces estuvo al borde de la muerte por las heridas recibidas. Desde muy pequeño su padre encargó su educación física a Leónidas y como profesor de letras le puso a Lisímaco, al que Alejandro tuvo siempre mucho cariño. Desde los 13 y hasta los 16 años fue puesto bajo la tutela del gran Aristóteles que lo instruyó en política, elocuencia e historia, leyó con avidez a Homero, Heródoto y a Píndaro. Con 16 años (en 340 a.C) su padre le nombró regente y entró ya en combate repeliendo una insurrección armada. Con 18 años ( en 338 a.C) dirigió como general la caballería macedónica en la Batalla de Queronea siendo nombrado Gobernador de Tracia. Con 20 años, ya muerto su padre Filipo II, sometió a todas las polis griegas, destruyó Tebas y sometió a Atenas haciéndose nombrar “Hegemón” de toda Grecia. Cruzó el Helesponto para someter al Imperio Persa con un ejército de unos 28.000 soldados. En los trece años que le quedaban de vida conquistó un imperio que se extendía desde el Mediterráneo y norte de Africa hasta la India. Las características más destacadas de su personalidad eran: activo, inteligente, enérgico, sensible y muy ambicioso. Cuando conquistaba una ciudad o territorio, destituía, y a menudo hacía ejecutar, al sátrapa que la gobernaba, a continuación buscaba y nombraba un nuevo sátrapa o rey de entre las clases más elevadas y preparadas de ese territorio, que no hubieran estado en connivencia con el poderoso ya vencido, a su lado dejaba como general o gobernador a uno de sus oficiales, con 50 ó 100 de sus soldados más mayores (los soldados del ejército vencido y hechos prisioneros, si eran válidos, pasaban a formar parte del ejército de Alejandro). Asimismo dejaba dos o tres personas de su confianza, previamente preparados e instruidos, que eran los encargados de llevar las cuentas y recaudación de impuestos del nuevo reino (siempre los nuevos impuestos eran muy inferiores a los que cobraba el antiguo rey o sátrapa, con lo que se ganaba la fidelidad de la plebe). Vamos a contar quien fue Abdalónimo.

Abdalónimo, Rey de Sidón.

En la Batalla de Issos, ( año 333 a.C) Alejandro con un ejército de unos 40.000 soldados en total, derrotó al ejercito persa de Darío III compuesto por unos 100-120.000 soldados en total. Darío III cuando vio perdida la batalla, abandonó su carro de combate y sus pertrechos y huyó del campo de batalla a lomos de su caballo. Ésta no fue la derrota definitiva de Darío III, ésta se produjo en la Batalla de Gaugamela (1 de Octubre del 331 a.C), la más importante y famosa de las que peleó Alejandro Magno, donde con un ejército de entre 47-50.000 soldados venció a Darío III con un ejército de mas de 200.000 soldados. La forma y disposición del ejército de Alejandro y las maniobras de despliegue del mismo han sido aprendidas y utilizadas por todos los grandes generales de la historia como Aníbal, Publio Cornelio Escipión “El Africano”, Julio César, Belisario, González de Córdoba “El Gran Capitán”, Napoleón etc. Hoy en día se sigue enseñando en todas las academias militares. A lo que íbamos, después de la Batalla de Issos, Alejandro entra en Sidón, encarga a su general y amigo Hefestión que busque entre los nobles de la ciudad a una persona recta a la que confiar el trono de Sidón. Al cabo de una semana Hefestión había indagado y hablado con muchas personas pero ninguna le satisfacía. Después de reunirse con Alejandro y explicarle todo lo investigado por él entre los nobles, llegan a la conclusión de que hay que buscar a una persona que sobretodo sea recta, trabajadora y leal, no hace falta que sea noble. A los pocos días Hefestión paseaba por la ciudad acompañado por traductores y por su guardia personal, vio una mansión rodeada de una alta valla, por encima de la cual asomaban todo tipo de árboles frutales, aquel arbolado verde y frondoso en medio de un territorio árido como era aquel le llamó poderosamente la atención. Se acercó a la puerta y entró, era un sitio maravilloso, con todo tipo de flores, plantas, árboles de toda especie, la mansión presentaba externamente un aspecto inmejorable, había un sólo hombre, se les acercó, Hefestión por medio de su traductor le preguntó: ¿Dónde está el dueño? Quiero hablar con él. El hombre le contestó que su señor había partido hacía mas de dos años a la guerra contra los persas, no sabía nada de él desde su partida, no sabía si iba a volver ni cuando, sin embargo, sin recibir dinero alguno, seguía custodiando y cultivando su jardín para que lo encontrase impecable cuando volviese. Él era el jardinero, se llamaba Abdalónimo. Hefestión sonrió, sabía que su búsqueda había terminado.
Reunido esa misma tarde con Alejandro, llegaron a la conclusión de que ese jardinero, que con tanta honestidad y fidelidad había cumplido con su deber, sabría dirigir la ciudad del mismo modo como había cuidado el jardín. Al día siguiente Alejandro Magno, en una bonita ceremonia, proclamó a Abdalónimo Rey de Sidón. Al principio hubo sus suspicacias entre los nobles de Sidón pero pronto se mostró como un gran rey, fue querido por todo su pueblo, quizás ha sido el mejor rey de Sidón, pasó a la historia como Abdalónimo el Rey Jardinero, y fue fiel a Alejandro hasta su muerte. Espero que os haya gustado ésta historia del rey jardinero. A leer mucha historia, todos.


jueves, 4 de noviembre de 2010

Cómo le pagó sus servicios Fernándo El Católico al Gran Capitán.

El Gran Capitán: óleo de Eduardo Carrio, se encuentra en el instituto de España en Madrid

Ahora voy a contar el pago que dio Fernando El Católico a quien le había conquistado y entregado un reino, el de Nápoles, con tropas mal y tarde pagadas, luchando contra dos ejércitos franceses bien pagados y pertrechados. Así han sido algunos reyes españoles:

En Diciembre de 1503 en las riberas del río Garellano se produce la victoria definitiva española sobre los franceses y cae Gaeta, los franceses se retiran derrotados. El Reino de Nápoles vuelve a ser español. Gonzalo entra en Nápoles bajo arcos de triunfo levantados por el pueblo napolitano, es aclamado como si fuera un rey.

El 11 de Febrero de 1504 se firma el Tratado de Lion donde Francia reconoce la soberanía española sobre el reino de Nápoles.
El rey Fernando nombra Virrey de Nápoles a Gonzalo Fernández de Cordoba.
Gonzalo entrega a sus capitanes una serie de condados ganados a los franceses, como parte de pago por sus méritos de guerra.
El 26 de Noviembre de 1504 muere la reina Isabel de Castilla “La Católica” en Medina del Campo, la reina natural de Gonzalo Fernández de Córdoba, su gran valedora.

El 19 de Octubre de 1505 el rey de Francia y Fernando de Aragón firman el Tratado de Blois por el que se acuerda la boda entre Dña Germana de Foix (con 18 años) con Fernando el Católico (tratado y boda que trama Fernando para que su yerno Felipe “El Hermoso” no reclame el reino de Nápoles para sí y para Castilla donde él era el rey en esas fechas), ambos monarcas (Luis XII y Fernando) ceden los derechos dinásticos del reino de Nápoles a Germana y a los descendientes que hubieran de éste matrimonio, así como la devolución de las tierras francesas ganadas por el Gran Capitán en el Reino de Nápoles. O sea los condados que Gonzalo había dado a sus capitanes, esto debió de disgustar bastante a sus capitanes y al propio Gonzalo.

Durante el primer semestre del año 1506, conocedor Gonzalo de comentarios en contra de su persona salidos de la corte de los reyes en España, en el sentido de que quería ser él el rey de Nápoles. Se cruza cartas con el rey en las que le pide le releve de su cargo de Virrey y le devuelva a España concediéndole el cargo de Maestre de la Orden de Santiago, tantas veces prometida por el rey (cargo que le había “jurado por Dios nuestro Señor, por la cruz y por los cuatro Santos Evangelios”) dar a Gonzalo delante de numerosos testigos y en varias ocasiones.

El 7 de Septiembre de 1506 se presenta el rey Fernando en Nápoles junto con Dña Germana. Nada más llegar le dan al rey la noticia de la muerte de su yerno Felipe El Hermoso en Burgos, se dijo que de pulmonía (hay muchas especulaciones al respecto). Gonzalo los recibió con gran agasajo y trató de disipar los temores del rey por todos los medios, a pesar de ello el rey comprobó personalmente que los napolitanos tenian más aprecio a su general que a él mismo. El rey con su desconfianza había decepcionado a todos, a los napolitanos y al ejército del Gran Capitán. Ante un rumor de que el rey había apresado a Gonzalo, salieron las tropas con sus capitanes al frente y llegaron a las puertas del Castel del Uovo, donde se hospedaba el rey, y tuvo que salir en persona el Gran Capitán a tranquilizar a todos y mandarlos de vuelta a sus cuarteles. Al parecer, en esos meses en que estuvo el rey en Nápoles, ocurrió el episodio de las famosas “cuentas del Gran Capitán”. Se presentó ante el Gran Capitán el tesorero del rey en Italia llamado Francisco Sánchez, diciéndole que le mandaba el rey “para revisar las cuentas de la pasada campaña, porque hay partidas muy gruesas que no casan”. Le contesta Gonzalo que ya hace dos años que se le habían dado las cuentas. ¿A que viene esto ahora?. Ante la insistencia del tesorero, Gonzalo lo despide de malas maneras diciéndole “Yo te presentaré mañana mismo un libro con otras cuentas y verás que es la Real Cámara la que me debe dinero a mí y no al revés”. En efecto esa noche Gonzalo escribió las famosas cuentas, que más o menos decían:
“Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para abrir trincheras y enterrar muertos”
“Ciento cincuenta mil ducados en limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles”
“Doscientos millones de ducados en guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de los cadáveres enemigos”
“Ciento setenta mil ducados en reponer las campanas averiadas a causa del contínuo repicar a victoria”
Y finalmente “Cien millones de ducados por la paciencia de tener que descender a éstas pequeñeces del rey a quien HE REGALADO UN REINO”.
Al parecer,el tesorero del rey Francisco Sánchez, se las leyó al rey y cuando iba por lo de los guantes perfumados, el rey le mandó callar, se puso en pié y con voz terrible ordenó que no se le volviera a hablar jamás de aquel asunto.

En 1507 entregó Gonzalo Fernández de Córdoba el mando de Nápoles y embarcó en la flota del rey de regreso a España. Había recibido ofertas del Papa Julio IIº para que tomase el mando del ejército Pontificio, asimismo Venecia le había pedido que fuera el General de su ejército, ni se planteó siquiera la posibilidad de servir a otro señor que no fuera su rey Fernando.
En Julio de 1507 la flota atraca en el puerto de Savona (Liguria) donde los espera el rey de Francia Luis XII. Sobre el malecón del puerto se encuentran los dos monarcas, Fernando El Católico y Luis XII, abrazándose, los mismos que tan sólo cuatro años antes eran enemigos y habían enfrentado a sus ejércitos a sangre y fuego en territorio napolitano. La guerra es cosa de súbditos, la paz es un asunto de reparto patrimonial entre reyes, la sangre derramada: un accidente necesario. Cuando Gonzalo, con cierta dificultad, sube por la escalera de gato al muelle, oye sobre su cabeza la voz del rey Fernando: “Ved ahí al Gran Capitán”. Gonzalo levanta la vista y ve como Luis XII va hacia él con los brazos abiertos, fue Gonzalo a besar las manos del rey francés pero éste no se lo permitió, lo ayudó a incorporarse y lo abrazó como a un igual. Luis XII le dijo al rey Fernando emocionado: “Primo, hoy es un día venturoso en el que he visto cumplidos tres deseos que albergaba mi corazón: ver con mis propios ojos a vuestra señoría, a mi sobrina la reina Germana y muy especialmente conocer al Gran Capitán, pues os aseguro que si hoy no hubiera venido con vos, habría de buscar la manera de poderlo ver donde él quisiera y me señalase”. Esto dejó confuso al Gran Capitán y sobretodo a Fernando de Aragón. Volvió a abrazar a Gonzalo que ya no sabía qué hacer ni a donde mirar. Toda la escena era contemplada por el señor D´Aubigny, Everaldo Stewart y los capitanes franceses, enemigos que tanta guerra le habían dado, todos ellos sonrientes allí estaban: Jacques de Chabannes señor de la Pallisse, Luis D´Ars, el gran Bayardo (el caballero sin tacha). A todos ellos los había vencido en el campo de batalla, y a varios mas que murieron luchando contra él como el Duque de Nemours, el de Monpensier etc. Ahora todos le abrazaron. Tres días duraron los fastos de Savona, cada día el rey Luis XII parecía más interesado en cumplimentar a Gonzalo de Córdoba que a la pareja real de Fernando y Germana. Curiosa actitud del rey francés. En un almuerzo el rey francés le dijo a Fernando: “Mande vuestra majestad al Gran Capitán que se siente a la mesa con nosotros, que quien a rey vence, con reyes merece sentarse”. Fernando de Aragón, con cara de palo y voz cavernosa le dijo a Gonzalo: “Sentaos con nos, Gran Capitán, pues su señoría lo manda”. La comida fue un contínuo agasajo del rey francés hacia Gonzalo. Al tercer día, al atardecer, el rey Luis XII pidió a Gonzalo dar un paseo a caballo, cabalgaron horas y horas en animada charla, los dos solos, por la marina de Savona, ya amanecía cuando volvieron juntos al campamento. Si Gonzalo hubiese hecho la más mínima insinuación, Luis XII le hubiera dado cualquier cosa por tenerlo a su lado. Fernando de Aragón decidió que ya estaba bien y que era hora de regresar. A la mañana zarparon hacia España.

Llegan a España, desembarcan en el puerto de Valencia. Pasan los meses y el rey no cumple con sus juramentos de darle el Maestrazgo de Santiago. Le concede la ciudad de Loja donde se retira a vivir el Gran Capitán.

En 1508 a causa de un agravio, que le hace un sobrino de Gonzalo, al rey Fernando El Católico, éste, como castigo, ordena la demolición del Castillo de Montilla, la casa familiar de los Fernández de Córdoba y donde había nacido Gonzalo y se había criado de niño. El rey no hace caso a las súplicas que le hace Gonzalo, su Gran Capitán, súplicas que también hacen casi toda la nobleza de España. No quedó una piedra sobre otra del Castillo de Montilla, los campos de cultivo fueron también arrasados. Lo que más le preocupaba a Gonzalo eran los criados de toda la vida que quedaban en la calle, y los campesinos y labradores que corrieron igual suerte. A partir de aquí la enemistad con el rey ya fue manifiesta.

Nunca se ha visto en la historia que un rey poderoso, como lo era Fernando El Católico, tuviera miedo primero, envidia después, receloso siempre y al final ejerciera la venganza sobre el mejor Capitán y siervo que tuvo en todo su reino como fue Gonzalo Fernández de Córdoba, que por dos veces le conquistó un reino como el de Nápoles, que antes luchó de forma destacada en la guerra de Granada, que pactó con Boabdil su rendición, que años después acabó con la rebelión de Las Alpujarras, entre otros muchos servicios. Así era el rey Fernando de Aragón “El Católico”, así pagó a su mas leal y fiel servidor.

Parecido pago hizo Fernando IIº de Aragón a otros muchos soldados que lucharon por él y por España. A Pedro Navarro, uno de los mejores capitanes que sirvieron bajo el mando de Gonzalo, el rey Católico le quita el condado de Oliveto que había recibido de Gonzalo siendo Virrey de Nápoles, se lo da a los franceses en el Tratado de Blois como he dicho, sin darle compensación alguna, a pesar de ello, siguió en Italia como soldado de Fernando, participó en la guerra de Ravena en 1512, otra vez contra los franceses, fue herido y apresado por los franceses, estuvo más de dos años preso en Loches, esperando que su rey Fernando lo liberase pagando su rescate, harto y cansado de estar preso, solicitó ser acogido por el rey francés, éste lo aceptó de inmediato, se desnaturalizó del rey Fernando y al servicio de Francia luchó contra Alemania y España.

D. Gonzalo Fernández de Córdoba muere en 1515, en Loja, a la edad de 62 años. Recibió sepultura en la Iglesia de San Francisco, en Granada.

Años después, el Emperador Carlos Iº de España y Vº de Alemania, nieto de Fernando IIº de Aragón, quiso remediar, al menos en parte, el mal pago que su abuelo había dado al Gran Capitán, por lo que mandó construir, a sus expensas, una capilla en el Monasterio de los Jerónimos que fuera sepulcro definitivo de Gonzalo y su familia, los maestros Jacobo Florentino y Diego de Siloé la decoraron con bellas pinturas y estatuas orantes. En 1552, a los 37 años de la muerte de Gonzalo, se trasladaron a ésta capilla, desde la Iglesia de San Francisco, los restos del Gran Capitán, acompañados con los de sus hermanos, hijos y su mujer María Manrique. El cortejo llevaba las banderas y estandartes que pregonaban sus glorias militares. El traslado tuvo gran solemnidad, lo abría la Cruz de la Iglesia Mayor, 450 religiosos, clérigos con velas, los Capellanes reales, el Cabildo con tres capillas: la Real, la del Duque y la Mayor, los ocho féretros, a continuación el caballero de Jaén D. Juan Peláez de Berrio, soldado superviviente de las guerras de Nápoles que fue el primero que entró en Castelnovo, el cual llevaba el estoque del Gran Capitán, cuya cruz, manzana y empuñadura eran de oro y plata labradas a martillo. Seguía la presidencia con todos los estandartes y, detrás, los caballeros de Córdoba, su tierra, y los de Granada, presididos por el Marqués de Cerralbo. El poeta Juan Latino dedicó una composición a éste traslado.

En febrero de 2006 se constató, por el Instituto Andaluz de Patrimonio, mediante análisis de ADN, que los restos humanos depositados en dicha tumba de los Jerónimos ¡¡ no son los del Gran Capitán!!, sin lugar a dudas. Ahora mismo se está investigando de quien son los restos que se suponían eran de Gonzalo y se está a la búsqueda de los restos auténticos. Todos nos tememos que el ejército napoleónico hizo de las suyas, debieron de profanar la tumba, seguramente buscando venganza de las numerosas derrotas sufridas por sus antepasados en el reino de Nápoles, a buenas horas.....

Lápida en Los Jerónimos (Granada)

martes, 2 de noviembre de 2010

El Sitio de Tarento por “El Gran Capitán”


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Hace 15 días, el 16 de Octubre 2010, se casó D. Rafael Medina Abascal, XIX Duque de Feria y XIX Marqués de Villalba, Grande de España y descendiente directo de Alfonso Xº de Castilla “El Sabio”, con Dña. Laura Vecino de Acha. Viendo ésta noticia por televisión me vino a la memoria su insigne y admirado antepasado D. GONZALO FERNÁNDEZ DE CORDOBA Y AGUILAR (Montilla 1 Sept 1453 – Loja – Granada- 2 Dic 1515). Duque de Santángelo, de Terranova, de Andria, de Montalto y de Sessa, Virrey de Nápoles, llamado por su excelencia en el arte de la guerra “EL GRAN CAPITAN”.-

Pensando en un pasaje de su historia en el que me hubiera gustado estar, me viene a la memoria "El Sitio de Tarento":

Estamos a final del verano de 1501, Gonzalo Fernández de Córdoba con su ejército está sitiando por tierra la fortaleza de Tarento y manteniendo un bloqueo naval, en su interior se había refugiado el Duque de Calabria que, junto con el Conde de Potenza, defensor de Tarento, se niegan a entregar la fortaleza al rey Fernando de Aragón, legítimo señor de dicha ciudadela. La fortaleza es un ismo, con mar al oeste, el “mare Pícolo” al este y en el norte dos canales defensivos, la única tierra para el ataque está al sur, una pequeña franja de tierra. Es inexpugnable por tierra, proceder a un asalto hubiera acarreado muchas bajas en los atacantes, los muros defensivos son altos y muy sólidos en todos sus lados menos en la cara que da al “mare Pícolo”, la bahía interior al este de la fortaleza. La flota estaba en el mar pero no podía pasar por los canales defensivos al norte de la fortaleza, la habrían destrozado desde la fortaleza. Por lo tanto decide Gonzalo negociar con los sitiados, entra a negociar con el conde de Potenza y con el Duque de Calabria, éstos se sienten seguros, le dicen a Gonzalo que van a venir los franceses a auxiliarlos, al final pactan: que Gonzalo no les atacará en dos meses pero, si a los dos meses, los sitiados no han recibido ayuda, entregarán la plaza sin resistencia. Gonzalo de Córdoba sabe que los franceses no vendrán y que los sitiados no entregarán la fortaleza por las buenas. Reunido con sus capitanes, Pedro Navarro le sugiere que si pasan las carabelas con su artillería al “mare Pícolo” con cuatro andanadas se derribaba la muralla, que en ese frente era mucho más débil, y era verdad, pero ¿cómo pasaban veinte carabelas al “mare Pícolo”? ¿Volando?. Al principio todos se rieron de la idea. Pedro Navarro insistió, se reunió con Lazcano el comandante de la flota y en dos dias presentaron el plan a Gonzalo, éste lo aprobó y así lo hicieron, ¡¡por tierra!!, con ayuda de los galeotes, que cumplian pena en las galeras, a los que se les prometió una paga si lo lograban, y con la colaboración de casi todo el ejército: ¡¡en menos de dos semanas pasaron por tierra, más de media legua (unos 2.5 Km), veinte carabelas con todos sus cañones y culebrinas!! Simplemente: ESPECTACULAR. Cuando los sitiados vieron las más de veinte naves con sus cañones apuntando a la muralla que daba al “mare Pícolo” ya entraron en razón y no les quedó más que rendirse y entregar la fortaleza. Al parecer no tuvieron que disparar ni una sola andanada. El Gran Capitán no tuvo ni una sola baja en su ejército por la toma de Tarento. El Duque de Calabria fue conducido preso a España. Con ingenio, voluntad y trabajo se consigue lo que sea. Me hubiera encantado ver cómo lo hacían, ¿ a ti no?