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lunes, 28 de julio de 2014

ANIBAL BARCA (247ª.C.-183 a.C.) PARTE 5ª y ÚLTIMA


Ruinas de Éfeso

Mientras Aníbal estaba en Éfeso, sirviendo al rey Antíoco, ocurrió un hecho singular, uno de esos momentos de la historia en los que me hubiera gustado estar presente, lo mencionan los historiadores Plutarco y Apiano, os lo voy a contar: en el año 193 a.C. el Senado de Roma envía a Publio Cornelio Escipión “El Africano” en una misión diplomática ante Antíoco III Megas, cuando llega a Éfeso el rey Antíoco no está, la embajada romana tiene que esperar varios días, un día El Africano decide pasar por los baños públicos a realizar sus abluciones, ya a la puerta de los baños se entera de que Aníbal está dentro, manda que le comuniquen a Aníbal su presencia y si autoriza su entrada, de inmediato sale un sirviente y le comunica que su señor le espera para compartir con él los baños. La escena debió de ser maravillosa, los dos grandes generales, enemigos mortales pero sintiendo entre ambos mutua admiración y respeto, compartiendo la piscina de los baños de Éfeso, y, según las crónicas, con numerosos espectadores que guardaban un silencio sepulcral. En un momento determinado, hablando entre ellos sobre las cualidades y competencias que debían de poseer los generales, Cornelio Escipión le preguntó a Aníbal: “Cual es, según él, el mejor general de la historia”, a lo que Aníbal contestó: “Alejandro Magno”, Escipión estuvo de acuerdo, él también ponía a Alejandro el primero, de seguido le volvió a preguntar a Aníbal: “A quién colocarías a continuación” y éste le contestó: “A Pirro, porque considero que la primera virtud de un general debe ser la audacia” y añadió “me sería imposible encontrar a dos reyes mas atrevidos que ellos”. Escipión se sintió algo molesto con esta respuesta, era tanto como decirle la falta de audacia, y hasta la cobardía, que había visto en los generales romanos a los que se había enfrentado, que disponiendo de ejércitos regulares superiores al suyo, habían carecido de la audacia para hacerlo, lo cual picó un poco al Africano que volvió a preguntarle: “Y a quien colocarías en tercera posición”, ahora Escipión esperaba que le concediera ese puesto a él, que había sido capaz de derrotarle en Zama, pero Aníbal le respondió: “Yo mismo, en mi juventud he conquistado Hispania, he atravesado los Alpes con un ejército, hechos que han sucedido por primera vez desde Heracles, he atravesado Italia y habéis temblado de terror, obligándoos a abandonar cuatrocientas de vuestras ciudades, a menudo he amenazado vuestra ciudad con extremo peligro, y todo ello sin recibir dinero ni refuerzos de Cartago”. Ante tal exhibición de sus hazañas, Escipión, riéndose, le preguntó: “Aníbal, ¿En qué posición te colocarías si no hubieras sido derrotado por mí?”, el cartaginés le contestó: “En ese caso me habría colocado por delante de Alejandro”. Sencillamente genial, su autoestima era inmensa y fundada en muchas victorias. A continuación pidió a Publio Cornelio que fuera su invitado hasta que llegara Antíoco. En las negociaciones que mantuvo Cornelio Escipión con Antíoco III Megas, no se llegó a ningún acuerdo. Después de la derrota de Antíoco contra los romanos en la Batalla de Magnesia (190 a.C), Aníbal temiendo ser entregado a los romanos en el acuerdo (paz de Sardes) que estaban negociando con Antíoco, decidió huir del territorio seléucida. Durante tres años los historiadores no se ponen de acuerdo en dónde estuvo, al parecer fue a Creta y luego al reino de Armenia.
Rey Prusias I de Bitinia

          En el año 186 a.C. se puso al servicio del rey Prusias I de Bitinia, que estaba en guerra con el rey Eumenes II de Pérgamo, aliado de Roma. El rey lo nombró comandante de la flota de Bitinia, aquí mostró una vez mas su genialidad y esta vez en el mar, en una batalla naval contra la flota de Pérgamo. Sus barcos iban cargados con ánforas de arcilla perfectamente taponadas, cuando se acercaron a los barcos enemigos, Aníbal ordenó lanzar las ánforas sobre las cubiertas del enemigo, al romperse, ¡¡horror!!, se esparcieron decenas de alacranes y serpientes  venenosas que sembraron el pánico y el desorden en las tripulaciones enemigas, mientras sus arqueros diezmaban a los contrarios y sus tripulaciones aproaban a los barcos enemigos hundiéndolos. La victoria fue total. Fue el primero en descubrir la “guerra biológica”. Antes de embarcar a sus soldados y siguiendo sus ordenes, se pasaron muchos días por el campo recogiendo alacranes y serpientes que los puso en jaulas y “a dieta” para que llegado el momento las alimañas  estuvieran mas agresivas, antes de embarcar las metieron en las ánforas. Con lo cual logró dos objetivos: tener a la tropa ocupada, en vez de estar ociosos, peleándose y bebiendo por las tabernas, al tiempo que disponía de una nueva arma para vencer al enemigo. Fue su última hazaña que pasó a la historia.
         En el invierno del año 183 a.C, Aníbal se había convertido en un huésped incómodo para el rey Prusias I, que estaba negociando con Roma un acuerdo, tenía claro que el rey lo iba a traicionar, no estaba dispuesto a permitir que lo entregara al embajador romano, al mismo tiempo estaba ya cansado, ya tenía 64 años, y no se sentía con fuerzas, ni ilusión, para seguir buscando adonde ir para luchar contra Roma, tampoco quería seguir huyendo de los romanos. Residía a orillas del mar de Mármara, en su costa oriental, aunque el invierno ya estaba avanzado, hacía una tarde apacible y decidió subir a la azotea a contemplar la puesta de sol sobre el mar, lo hacía muchas tardes. Antes mandó a todos sus sirvientes que se fueran y lo dejaran sólo. Cuando la guardia del rey llegó para apresarle lo encontraron tumbado en la terraza de la casa, de cara al mar de Mármara, estaba ya anocheciendo y Aníbal estaba muerto. Siempre había llevado un anillo en la mano que contenía veneno, y esa tarde vio llegado el momento de abrirlo y utilizarlo, desde siempre tuvo decidido el no caer vivo en manos de sus enemigos.
        Con su muerte desaparecía, sin duda, el mayor enemigo al que se enfrentó la República de Roma, por él los romanos conocieron el significado del miedo. Tuvo en su mano cambiar el curso de la historia y no lo hizo, nadie sabe el porqué, él murió sin dar mayores explicaciones. Al final, para bien o para mal, tenemos que agradecerle que somos quienes somos gracias a que no lo hizo. La historia y la cultura de todo el mundo occidental actual hubiera sido otra.
      El destino, caprichoso, quiso que el mismo año, su mayor enemigo y el único que fuera capaz de derrotarle, Publio Cornelio Escipión “El Africano”, muriese en Roma con 53 años de edad.   
Mar de Mármara


FIN

ANIBAL BARCA (247ª.C.-183 a.C.) PARTE 4ª


       
Publio Cornelio Escipión "Africanus"

 En el 206 a.C. la guerra en Hispania había terminado con la victoria de Roma. Al año siguiente, 205 a.C., es nombrado Cónsul Publio Cornelio Escipión “El Africano” y su fijación es acabar con Aníbal, a buenas o a malas, pero tenía que sacarlo de Italia. El año anterior, al mando del ejército romano, había conquistado Cádiz, el último reducto cartaginés en la península Ibérica, a continuación cruzó el estrecho y se fue a Africa a negociar con los pueblos y tribus que habían sido aliados de Cartago, cuyos jefes eran Masinisa y Sífax, logrando un acuerdo con ellos. Cuando es nombrado Cónsul, ante el Senado de Roma expuso su plan: atacaría a Cartago con lo cual el Senado de Cartago pediría ayuda a Aníbal y este tendría que abandonar Italia con su ejército, o sea: llevar la guerra al corazón de Cartago, al norte de Africa. Los senadores romanos, influidos por Quinto Fabio Máximo, enemigo político de la familia de Cornelio Escipión, desaprueban el proyecto, con ello dejan a Publio sin dinero ni ejército para acometer su empresa, lo mandan a Sicilia a que se haga cargo de las guarniciones de esa provincia. Cualquiera en sus circunstancias hubiera abandonado su proyecto pero Publio no, se puso a reclutar voluntarios en todas las ciudades, su prestigio era mucho y reunió un ejército de mas de 30.000 soldados de infantería y 6.000 de caballería así como las naves de transporte necesarias.

        En el 204 a.C. el ejército romano desembarca en Africa empezando el acoso a los cartagineses. El Senado de Cartago llama a Aníbal y éste en el 203 a.C., tras mas de 14 años en Italia guerreando, desembarca con sus tropas en territorio cartaginés, en Africa, su retorno reforzó la moral del ejército. La batalla decisiva tuvo lugar en Zama, el 19 de Octubre del 202 a.C. Los cartagineses al mando de Aníbal contaban con una infantería superior, unos 32.000 (de los cuales 15.000 eran veteranos de sus campañas en Italia) y los romanos al mando de Publio Cornelio contaban con una caballería mayor y mejor que la cartaginesa. En total, unos 40.000 soldados por bando, estaban bastante igualados. Los cartagineses tenían 80 elefantes de guerra que eran el terror de los soldados romanos. La táctica de Cornelio Escipión era superior a la que venían empleando los ejércitos romanos, sin duda había aprendido de la utilizada por Aníbal en Italia. Este trató de emplear la misma estrategia que utilizó en Cannas, pero su caballería era inferior, la mitad de la que disponían los romanos, por lo que el intento de encerrar al ejército romano fracasó, Cornelio Escipión no se dejó envolver, los cartagineses sufrieron una gran derrota, murieron mas de 25.000 soldados, el ejército romano sufrió unos 2.500 muertos. Fue la primera derrota de Aníbal en batalla campal contra los romanos, la única y la última. A partir de su victoria en Zama, la historia añadió al nombre de Publio Cornelio Escipión el “Africanus” que ya le acompañará para siempre.  
        En el 201 a.C. Roma y Cartago firmaron un tratado de paz, Aníbal decidió dedicarse a la política, ya tenía 46 años, y entró en el partido democrático, el otro gran partido era el de los oligarcas conservadores. Fue elegido “sufete”, el cargo mas alto del Senado Cartaginés, restauró la autoridad y el poder del estado, los oligarcas lo vieron como una amenaza a su estatus y lo acusaron de traicionar a Cartago al no haber tomado Roma cuando tuvo la oportunidad. Como respuesta Aníbal acusó a los oligarcas de no haberle apoyado ni haberle mandado refuerzos en su campaña en Italia, haciéndolos responsables de la derrota de Cartago ante Roma, como consecuencia de ello dijo que el tributo a pagar a Roma todos los años, como consecuencia del tratado de paz, no debía de pagarlo el Estado sino los oligarcas, por lo tanto empezó a legislar e imponerles impuestos extraordinarios. Cartago prosperó, se hacían muchas obras públicas y el comercio se activó, la población volvía a ver el futuro con mas optimismo después de la gran depresión que había ocasionado la derrota en Zama ante Roma. Los oligarcas no se enfrentaron abiertamente al sufete, lo que hicieron en el 196 a.C. fue llamar a los romanos, los cuales al ver la nueva prosperidad que estaba alcanzando Cartago con Aníbal como sufete, exigieron al Senado cartaginés la entrega de Aníbal. A partir de ese momento, y temiendo alguna traición, decidió exiliarse voluntariamente en el año 195 a.C.


Antíoco III El Megas

       Marchó a ofrecerse al rey del Imperio Seléucida, Antíoco III Megas,  ya que éste estaba preparándose para luchar contra Roma, Aníbal fue recibido en Éfeso con honores militares. Pronto se dio cuenta que las fuerzas con que contaba Antíoco eran insuficientes para enfrentarse a un ejército romano, le aconsejó al rey equipar un ejército y una flota en condiciones para luchar contra los romanos y él se ofreció a mandarla, pero los celos, envidias y temores de los cortesanos y consejeros que rodeaban a Antíoco, propiciaron que el soberano no le confiara un puesto importante en el ejército. Al parecer ejerció como consejero político del rey durante el tiempo que permaneció con el, no como general, tampoco parece que Antíoco siguiera los consejos de Aníbal ya que, cuatro años después, lo pagaría muy caro al ser derrotado por Roma en las Termópilas (191 a.C)(no confundir con la batalla del mismo nombre en el año 480 a.C. de la Segunda Guerra Médica entre los 300 soldados de Esparta con su rey Leónidas Iº al frente, contra el ejército del Imperio Persa mandado por su emperador Jerjes Iº) y en la Batalla de Magnesia (190 a.C), precisamente por el cónsul Lucio Cornelio Escipión “Asiático” ayudado por su hermano “El Africano”, lo que le costó entregar a Roma parte importante de su imperio y pagar un tributo anual cuantioso.

Continúa en la Parte 5ª...

martes, 23 de abril de 2013

ANIBAL BARCA (247ª.C.-183 a.C.) PARTE 3ª

A principios del año siguiente, el senado de Roma nombró Cónsules a Cayo Terencio Varrón y a Lucio Emilio Paulo, estos movilizaron un ejército de 100.000 hombres, el mas numeroso de la historia de Roma, nunca se habían empleado ocho legiones completas, mas miles de tropas auxiliares en una sola batalla, al mando: los dos cónsules de ese año mas dos excónsules, dos legiones por cónsul, lo que marcaba la tradición, estaban decididos a luchar y derrotar a Aníbal. En la primavera (216 a.C.) se produjo el enfrentamiento en la Batalla de Cannas, Aníbal decidió atacar el importante depósito de suministros de Cannas, quería privar al ejército romano de su principal fuente de víveres, interponiéndose en el camino. La batalla se libró el 2 de Agosto del 216 a.C. y está considerada como una táctica magistral de Aníbal, hoy en día todavía se estudia en las mejores academias militares de todo el mundo, las fuerzas cartaginesas eran de unos 50.000 soldados, la mitad de las de Roma. La victoria de Aníbal fue total, aniquiló totalmente al ejército romano causándole entre 50 y 70 mil muertos y mas de 10 mil prisioneros, los cartagineses perdieron unos siete u ocho mil soldados, está considerada la derrota mas desastrosa de todo el Imperio Romano y la mas sangrienta en un solo día. Entre los muertos estaba el Cónsul Lucio Emilio Paulo y dos excónsules, 2 cuestores, 40 tribunos militares, y 80 senadores romanos. Aníbal primero organizó una ceremonia rindiéndose honores a los restos del Cónsul Emilio Paulo, a continuación se puso en sus dedos el segundo anillo consular.
         Otra vez tuvo en sus manos dirigirse a Roma y tomarla, prácticamente no hubiera encontrado oposición en el camino, hubiera sido un auténtico paseo militar, pero Aníbal decidió no hacerlo, su gran general de la caballería Maharbal le  dijo: “Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones: sabes vencer Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria”. Seguramente buscaba el abandono de todos los pueblos aliados de Roma que veían que el Imperio no les podía defender, así como la descomposición política interna de los ciudadanos romanos. La gran victoria cartaginesa hizo que muchos pueblos de Italia se unieran a la causa de Aníbal, además, el modelo de alianzas de Aníbal era menos vinculante que el modelo romano, permitía a los diferentes pueblos mantener muchos derechos, sobretodo a nivel económico, en este aspecto copiaba la estrategia que utilizó el gran Alejandro Magno, era el clásico modelo griego, menos opresivo que el romano. Después de Cannas, los romanos ya no volvieron a enfrentarse directamente en batalla campal a Aníbal en territorio italiano. Volvieron a la “estrategia Fabiana”, intentando cortar los suministros al ejército cartaginés pero evitando enfrentarse al mismo. Aníbal se estableció primero en Cápua, la segunda ciudad mas importante de Italia después de Roma. En el 214 a.C. se estableció también en Sicilia. A pesar de reclamar refuerzos y suministros al senado de Cartago en varias ocasiones, nunca le fueron enviados.
             Roma estaba atacando con mucha mas intensidad en Hispania a los cartagineses y no disponía de recursos para ayudar a Aníbal. Los procónsules romanos Publio y Cneo Cornelio Escipión, padre y tío de Publio Cornelio Escipión “El Africano”(236-183 a.C.), estaban contraatacando en Hispania y retomando Sagunto en el 212 a.C., ambos murieron en Hispania, en el mismo año, 211 a.C., a manos de Asdrúbal (el hermano de Aníbal). Al año siguiente (210 a.C) fueron reemplazados por el mismo Cornelio Escipión “El Africano” como legado y general del ejército romano en Hispania, lo había pedido al Senado para poder vengar la muerte de su padre y su tío. El fue el único capaz de vencer a Aníbal, mas adelante lo veremos, su intervención en Hispania fue crucial para Roma, en el 209 a.C, en una acción decidida y valiente reconquistó Cartago Nova, sorprendiendo a Asdrúbal Barca, marchó con sus dos legiones durante siete días desde Tarragona a Cartagena sitiándola y rindiéndola. En el 208 a.C. derrota al ejército cartaginés de Asdrúbal en la batalla de Baecula en Hispania, ya su reconquista de Hispania era imparable al tiempo que su prestigio militar crecía. Gracias a Escipión “El Africano” Hispania fue romanizada durante varios siglos, quedando definitivamente como provincia romana. Pero volvamos a Aníbal en Italia.
            En el año 210 a.C volvió a infligir una severa derrota a las legiones del procónsul Cneo Fulvio Centumalo que estaba intentando reconquistar la Apulia.
            En el año 208 a.C. Roma había nombrado cónsul, por quinta vez, a Marco Claudio Marcelo que en años anteriores había derrotado a los cartagineses, siempre en pequeñas batallas, y que había asediado y conquistado Siracusa, el sitio fue muy cruento, era una ciudad aliada de Cartago, el ingeniero jefe de su defensa era Arquímedes y sus máquinas de guerra, utilizadas en la defensa, ocasionaron muchas pérdidas a los romanos, logrando que les costase muchos meses y la compra de algunos traidores, para poder al fin tomar Siracusa. Arquímedes murió a manos de soldados romanos cuando éstos saquearon la ciudad cruelmente. Aníbal le tenía muchas ganas a Marcelo, lo consideraba un enemigo peligroso, acampó su ejército cerca de donde se encontraba el ejército romano, sólo los separaban unas colinas boscosas, como era de esperar, el propio Cónsul Marcelo y su lugarteniente Tito Quincio Crispino con un pequeño escuadrón de caballería se adentraron en esas colinas para espiar y controlar al ejército cartaginés, no tuvo en cuenta la sagacidad e inteligencia de Aníbal: la emboscada fue mortal, Marcelo fue atravesado por una lanza muriendo en el acto, Crispino muy malherido, junto con unos pocos soldados romanos lograron escapar de la matanza, el ejército romano sin sus dos mandos máximos se retiró de inmediato. Se le rindieron honores al cadáver del Cónsul Marcelo y después Aníbal mandó las cenizas junto con una carta de condolencia a su familia en Roma. Ya tenía Aníbal en sus dedos el tercer anillo consular.
         
En el 207 a.C, Aníbal se retiró a Apulia, a la espera de su hermano Asdrúbal, que venía desde Hispania, por tierra, con lo que quedaba del ejército cartaginés después de perder en la batalla de Baecula contra Escipión “El Africano”, pensaba que por fin iba a recibir refuerzos. Pero no fue así, Asdrúbal cayó muerto antes de poder unir sus fuerzas a las de Aníbal. El Cónsul Cayo Claudio Nerón tenía muy vigilado a Aníbal y cuando recibió noticias de que Asdrúbal había entrado en Italia con su ejército, en una gran maniobra estratégica, unió sus fuerzas a las del otro cónsul Marco Livio Salinator, y aniquilaron a las tropas de Asdrúbal dándole muerte en la Batalla de Metauro. Los romanos lanzaron la cabeza seccionada de Asdrúbal al campamento cartaginés de Aníbal, esto marcó el final de sus éxitos en Italia. En 206 a.C se retiró con su ejército a Bruttium donde permaneció acantonado los años que siguieron, el ejército romano siguió sin presentarle batalla campal, no había nadie que se atreviese.
Asdrúbal Barca

viernes, 29 de julio de 2011

ALEJANDRO MAGNO Y ABDALONIMO REY DE SIDON.

Hoy voy a contaros dos historias cuyo protagonista es el general más importante e impresionante de la Historia conocida de la humanidad, el más heroico de todos los grandes conquistadores, superior al mítico Aquiles, que ha inspirado a los grandes generales conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte:

Alejandro III de Macedonia, el Magno, hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpia reina de Epiro, nacido en Pella (Macedonia) el 20 de Julio del 356 a.C y muerto en Babilonia el 13 de Junio del año 323 a.C de muerte natural (una pancreatitis aguda), aunque su cuerpo, según sus embalsamadores, presentaba un centenar de cicatrices, no había más de cuatro dedos del mismo sin una cicatriz por heridas en el campo de batalla. En todas sus batallas él iba delante de sus soldados, a lomos de Bucéfalo, entraba y salía de las líneas de combate con una valentía y temeridad increíbles. Dos veces estuvo al borde de la muerte por las heridas recibidas. Desde muy pequeño su padre encargó su educación física a Leónidas y como profesor de letras le puso a Lisímaco, al que Alejandro tuvo siempre mucho cariño. Desde los 13 y hasta los 16 años fue puesto bajo la tutela del gran Aristóteles que lo instruyó en política, elocuencia e historia, leyó con avidez a Homero, Heródoto y a Píndaro. Con 16 años (en 340 a.C) su padre le nombró regente y entró ya en combate repeliendo una insurrección armada. Con 18 años ( en 338 a.C) dirigió como general la caballería macedónica en la Batalla de Queronea siendo nombrado Gobernador de Tracia. Con 20 años, ya muerto su padre Filipo II, sometió a todas las polis griegas, destruyó Tebas y sometió a Atenas haciéndose nombrar “Hegemón” de toda Grecia. Cruzó el Helesponto para someter al Imperio Persa con un ejército de unos 28.000 soldados. En los trece años que le quedaban de vida conquistó un imperio que se extendía desde el Mediterráneo y norte de Africa hasta la India. Las características más destacadas de su personalidad eran: activo, inteligente, enérgico, sensible y muy ambicioso. Cuando conquistaba una ciudad o territorio, destituía, y a menudo hacía ejecutar, al sátrapa que la gobernaba, a continuación buscaba y nombraba un nuevo sátrapa o rey de entre las clases más elevadas y preparadas de ese territorio, que no hubieran estado en connivencia con el poderoso ya vencido, a su lado dejaba como general o gobernador a uno de sus oficiales, con 50 ó 100 de sus soldados más mayores (los soldados del ejército vencido y hechos prisioneros, si eran válidos, pasaban a formar parte del ejército de Alejandro). Asimismo dejaba dos o tres personas de su confianza, previamente preparados e instruidos, que eran los encargados de llevar las cuentas y recaudación de impuestos del nuevo reino (siempre los nuevos impuestos eran muy inferiores a los que cobraba el antiguo rey o sátrapa, con lo que se ganaba la fidelidad de la plebe). Vamos a contar quien fue Abdalónimo.

Abdalónimo, Rey de Sidón.

En la Batalla de Issos, ( año 333 a.C) Alejandro con un ejército de unos 40.000 soldados en total, derrotó al ejercito persa de Darío III compuesto por unos 100-120.000 soldados en total. Darío III cuando vio perdida la batalla, abandonó su carro de combate y sus pertrechos y huyó del campo de batalla a lomos de su caballo. Ésta no fue la derrota definitiva de Darío III, ésta se produjo en la Batalla de Gaugamela (1 de Octubre del 331 a.C), la más importante y famosa de las que peleó Alejandro Magno, donde con un ejército de entre 47-50.000 soldados venció a Darío III con un ejército de mas de 200.000 soldados. La forma y disposición del ejército de Alejandro y las maniobras de despliegue del mismo han sido aprendidas y utilizadas por todos los grandes generales de la historia como Aníbal, Publio Cornelio Escipión “El Africano”, Julio César, Belisario, González de Córdoba “El Gran Capitán”, Napoleón etc. Hoy en día se sigue enseñando en todas las academias militares. A lo que íbamos, después de la Batalla de Issos, Alejandro entra en Sidón, encarga a su general y amigo Hefestión que busque entre los nobles de la ciudad a una persona recta a la que confiar el trono de Sidón. Al cabo de una semana Hefestión había indagado y hablado con muchas personas pero ninguna le satisfacía. Después de reunirse con Alejandro y explicarle todo lo investigado por él entre los nobles, llegan a la conclusión de que hay que buscar a una persona que sobretodo sea recta, trabajadora y leal, no hace falta que sea noble. A los pocos días Hefestión paseaba por la ciudad acompañado por traductores y por su guardia personal, vio una mansión rodeada de una alta valla, por encima de la cual asomaban todo tipo de árboles frutales, aquel arbolado verde y frondoso en medio de un territorio árido como era aquel le llamó poderosamente la atención. Se acercó a la puerta y entró, era un sitio maravilloso, con todo tipo de flores, plantas, árboles de toda especie, la mansión presentaba externamente un aspecto inmejorable, había un sólo hombre, se les acercó, Hefestión por medio de su traductor le preguntó: ¿Dónde está el dueño? Quiero hablar con él. El hombre le contestó que su señor había partido hacía mas de dos años a la guerra contra los persas, no sabía nada de él desde su partida, no sabía si iba a volver ni cuando, sin embargo, sin recibir dinero alguno, seguía custodiando y cultivando su jardín para que lo encontrase impecable cuando volviese. Él era el jardinero, se llamaba Abdalónimo. Hefestión sonrió, sabía que su búsqueda había terminado.
Reunido esa misma tarde con Alejandro, llegaron a la conclusión de que ese jardinero, que con tanta honestidad y fidelidad había cumplido con su deber, sabría dirigir la ciudad del mismo modo como había cuidado el jardín. Al día siguiente Alejandro Magno, en una bonita ceremonia, proclamó a Abdalónimo Rey de Sidón. Al principio hubo sus suspicacias entre los nobles de Sidón pero pronto se mostró como un gran rey, fue querido por todo su pueblo, quizás ha sido el mejor rey de Sidón, pasó a la historia como Abdalónimo el Rey Jardinero, y fue fiel a Alejandro hasta su muerte. Espero que os haya gustado ésta historia del rey jardinero. A leer mucha historia, todos.