jueves, 4 de noviembre de 2010

Cómo le pagó sus servicios Fernándo El Católico al Gran Capitán.

El Gran Capitán: óleo de Eduardo Carrio, se encuentra en el instituto de España en Madrid

Ahora voy a contar el pago que dio Fernando El Católico a quien le había conquistado y entregado un reino, el de Nápoles, con tropas mal y tarde pagadas, luchando contra dos ejércitos franceses bien pagados y pertrechados. Así han sido algunos reyes españoles:

En Diciembre de 1503 en las riberas del río Garellano se produce la victoria definitiva española sobre los franceses y cae Gaeta, los franceses se retiran derrotados. El Reino de Nápoles vuelve a ser español. Gonzalo entra en Nápoles bajo arcos de triunfo levantados por el pueblo napolitano, es aclamado como si fuera un rey.

El 11 de Febrero de 1504 se firma el Tratado de Lion donde Francia reconoce la soberanía española sobre el reino de Nápoles.
El rey Fernando nombra Virrey de Nápoles a Gonzalo Fernández de Cordoba.
Gonzalo entrega a sus capitanes una serie de condados ganados a los franceses, como parte de pago por sus méritos de guerra.
El 26 de Noviembre de 1504 muere la reina Isabel de Castilla “La Católica” en Medina del Campo, la reina natural de Gonzalo Fernández de Córdoba, su gran valedora.

El 19 de Octubre de 1505 el rey de Francia y Fernando de Aragón firman el Tratado de Blois por el que se acuerda la boda entre Dña Germana de Foix (con 18 años) con Fernando el Católico (tratado y boda que trama Fernando para que su yerno Felipe “El Hermoso” no reclame el reino de Nápoles para sí y para Castilla donde él era el rey en esas fechas), ambos monarcas (Luis XII y Fernando) ceden los derechos dinásticos del reino de Nápoles a Germana y a los descendientes que hubieran de éste matrimonio, así como la devolución de las tierras francesas ganadas por el Gran Capitán en el Reino de Nápoles. O sea los condados que Gonzalo había dado a sus capitanes, esto debió de disgustar bastante a sus capitanes y al propio Gonzalo.

Durante el primer semestre del año 1506, conocedor Gonzalo de comentarios en contra de su persona salidos de la corte de los reyes en España, en el sentido de que quería ser él el rey de Nápoles. Se cruza cartas con el rey en las que le pide le releve de su cargo de Virrey y le devuelva a España concediéndole el cargo de Maestre de la Orden de Santiago, tantas veces prometida por el rey (cargo que le había “jurado por Dios nuestro Señor, por la cruz y por los cuatro Santos Evangelios”) dar a Gonzalo delante de numerosos testigos y en varias ocasiones.

El 7 de Septiembre de 1506 se presenta el rey Fernando en Nápoles junto con Dña Germana. Nada más llegar le dan al rey la noticia de la muerte de su yerno Felipe El Hermoso en Burgos, se dijo que de pulmonía (hay muchas especulaciones al respecto). Gonzalo los recibió con gran agasajo y trató de disipar los temores del rey por todos los medios, a pesar de ello el rey comprobó personalmente que los napolitanos tenian más aprecio a su general que a él mismo. El rey con su desconfianza había decepcionado a todos, a los napolitanos y al ejército del Gran Capitán. Ante un rumor de que el rey había apresado a Gonzalo, salieron las tropas con sus capitanes al frente y llegaron a las puertas del Castel del Uovo, donde se hospedaba el rey, y tuvo que salir en persona el Gran Capitán a tranquilizar a todos y mandarlos de vuelta a sus cuarteles. Al parecer, en esos meses en que estuvo el rey en Nápoles, ocurrió el episodio de las famosas “cuentas del Gran Capitán”. Se presentó ante el Gran Capitán el tesorero del rey en Italia llamado Francisco Sánchez, diciéndole que le mandaba el rey “para revisar las cuentas de la pasada campaña, porque hay partidas muy gruesas que no casan”. Le contesta Gonzalo que ya hace dos años que se le habían dado las cuentas. ¿A que viene esto ahora?. Ante la insistencia del tesorero, Gonzalo lo despide de malas maneras diciéndole “Yo te presentaré mañana mismo un libro con otras cuentas y verás que es la Real Cámara la que me debe dinero a mí y no al revés”. En efecto esa noche Gonzalo escribió las famosas cuentas, que más o menos decían:
“Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para abrir trincheras y enterrar muertos”
“Ciento cincuenta mil ducados en limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles”
“Doscientos millones de ducados en guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de los cadáveres enemigos”
“Ciento setenta mil ducados en reponer las campanas averiadas a causa del contínuo repicar a victoria”
Y finalmente “Cien millones de ducados por la paciencia de tener que descender a éstas pequeñeces del rey a quien HE REGALADO UN REINO”.
Al parecer,el tesorero del rey Francisco Sánchez, se las leyó al rey y cuando iba por lo de los guantes perfumados, el rey le mandó callar, se puso en pié y con voz terrible ordenó que no se le volviera a hablar jamás de aquel asunto.

En 1507 entregó Gonzalo Fernández de Córdoba el mando de Nápoles y embarcó en la flota del rey de regreso a España. Había recibido ofertas del Papa Julio IIº para que tomase el mando del ejército Pontificio, asimismo Venecia le había pedido que fuera el General de su ejército, ni se planteó siquiera la posibilidad de servir a otro señor que no fuera su rey Fernando.
En Julio de 1507 la flota atraca en el puerto de Savona (Liguria) donde los espera el rey de Francia Luis XII. Sobre el malecón del puerto se encuentran los dos monarcas, Fernando El Católico y Luis XII, abrazándose, los mismos que tan sólo cuatro años antes eran enemigos y habían enfrentado a sus ejércitos a sangre y fuego en territorio napolitano. La guerra es cosa de súbditos, la paz es un asunto de reparto patrimonial entre reyes, la sangre derramada: un accidente necesario. Cuando Gonzalo, con cierta dificultad, sube por la escalera de gato al muelle, oye sobre su cabeza la voz del rey Fernando: “Ved ahí al Gran Capitán”. Gonzalo levanta la vista y ve como Luis XII va hacia él con los brazos abiertos, fue Gonzalo a besar las manos del rey francés pero éste no se lo permitió, lo ayudó a incorporarse y lo abrazó como a un igual. Luis XII le dijo al rey Fernando emocionado: “Primo, hoy es un día venturoso en el que he visto cumplidos tres deseos que albergaba mi corazón: ver con mis propios ojos a vuestra señoría, a mi sobrina la reina Germana y muy especialmente conocer al Gran Capitán, pues os aseguro que si hoy no hubiera venido con vos, habría de buscar la manera de poderlo ver donde él quisiera y me señalase”. Esto dejó confuso al Gran Capitán y sobretodo a Fernando de Aragón. Volvió a abrazar a Gonzalo que ya no sabía qué hacer ni a donde mirar. Toda la escena era contemplada por el señor D´Aubigny, Everaldo Stewart y los capitanes franceses, enemigos que tanta guerra le habían dado, todos ellos sonrientes allí estaban: Jacques de Chabannes señor de la Pallisse, Luis D´Ars, el gran Bayardo (el caballero sin tacha). A todos ellos los había vencido en el campo de batalla, y a varios mas que murieron luchando contra él como el Duque de Nemours, el de Monpensier etc. Ahora todos le abrazaron. Tres días duraron los fastos de Savona, cada día el rey Luis XII parecía más interesado en cumplimentar a Gonzalo de Córdoba que a la pareja real de Fernando y Germana. Curiosa actitud del rey francés. En un almuerzo el rey francés le dijo a Fernando: “Mande vuestra majestad al Gran Capitán que se siente a la mesa con nosotros, que quien a rey vence, con reyes merece sentarse”. Fernando de Aragón, con cara de palo y voz cavernosa le dijo a Gonzalo: “Sentaos con nos, Gran Capitán, pues su señoría lo manda”. La comida fue un contínuo agasajo del rey francés hacia Gonzalo. Al tercer día, al atardecer, el rey Luis XII pidió a Gonzalo dar un paseo a caballo, cabalgaron horas y horas en animada charla, los dos solos, por la marina de Savona, ya amanecía cuando volvieron juntos al campamento. Si Gonzalo hubiese hecho la más mínima insinuación, Luis XII le hubiera dado cualquier cosa por tenerlo a su lado. Fernando de Aragón decidió que ya estaba bien y que era hora de regresar. A la mañana zarparon hacia España.

Llegan a España, desembarcan en el puerto de Valencia. Pasan los meses y el rey no cumple con sus juramentos de darle el Maestrazgo de Santiago. Le concede la ciudad de Loja donde se retira a vivir el Gran Capitán.

En 1508 a causa de un agravio, que le hace un sobrino de Gonzalo, al rey Fernando El Católico, éste, como castigo, ordena la demolición del Castillo de Montilla, la casa familiar de los Fernández de Córdoba y donde había nacido Gonzalo y se había criado de niño. El rey no hace caso a las súplicas que le hace Gonzalo, su Gran Capitán, súplicas que también hacen casi toda la nobleza de España. No quedó una piedra sobre otra del Castillo de Montilla, los campos de cultivo fueron también arrasados. Lo que más le preocupaba a Gonzalo eran los criados de toda la vida que quedaban en la calle, y los campesinos y labradores que corrieron igual suerte. A partir de aquí la enemistad con el rey ya fue manifiesta.

Nunca se ha visto en la historia que un rey poderoso, como lo era Fernando El Católico, tuviera miedo primero, envidia después, receloso siempre y al final ejerciera la venganza sobre el mejor Capitán y siervo que tuvo en todo su reino como fue Gonzalo Fernández de Córdoba, que por dos veces le conquistó un reino como el de Nápoles, que antes luchó de forma destacada en la guerra de Granada, que pactó con Boabdil su rendición, que años después acabó con la rebelión de Las Alpujarras, entre otros muchos servicios. Así era el rey Fernando de Aragón “El Católico”, así pagó a su mas leal y fiel servidor.

Parecido pago hizo Fernando IIº de Aragón a otros muchos soldados que lucharon por él y por España. A Pedro Navarro, uno de los mejores capitanes que sirvieron bajo el mando de Gonzalo, el rey Católico le quita el condado de Oliveto que había recibido de Gonzalo siendo Virrey de Nápoles, se lo da a los franceses en el Tratado de Blois como he dicho, sin darle compensación alguna, a pesar de ello, siguió en Italia como soldado de Fernando, participó en la guerra de Ravena en 1512, otra vez contra los franceses, fue herido y apresado por los franceses, estuvo más de dos años preso en Loches, esperando que su rey Fernando lo liberase pagando su rescate, harto y cansado de estar preso, solicitó ser acogido por el rey francés, éste lo aceptó de inmediato, se desnaturalizó del rey Fernando y al servicio de Francia luchó contra Alemania y España.

D. Gonzalo Fernández de Córdoba muere en 1515, en Loja, a la edad de 62 años. Recibió sepultura en la Iglesia de San Francisco, en Granada.

Años después, el Emperador Carlos Iº de España y Vº de Alemania, nieto de Fernando IIº de Aragón, quiso remediar, al menos en parte, el mal pago que su abuelo había dado al Gran Capitán, por lo que mandó construir, a sus expensas, una capilla en el Monasterio de los Jerónimos que fuera sepulcro definitivo de Gonzalo y su familia, los maestros Jacobo Florentino y Diego de Siloé la decoraron con bellas pinturas y estatuas orantes. En 1552, a los 37 años de la muerte de Gonzalo, se trasladaron a ésta capilla, desde la Iglesia de San Francisco, los restos del Gran Capitán, acompañados con los de sus hermanos, hijos y su mujer María Manrique. El cortejo llevaba las banderas y estandartes que pregonaban sus glorias militares. El traslado tuvo gran solemnidad, lo abría la Cruz de la Iglesia Mayor, 450 religiosos, clérigos con velas, los Capellanes reales, el Cabildo con tres capillas: la Real, la del Duque y la Mayor, los ocho féretros, a continuación el caballero de Jaén D. Juan Peláez de Berrio, soldado superviviente de las guerras de Nápoles que fue el primero que entró en Castelnovo, el cual llevaba el estoque del Gran Capitán, cuya cruz, manzana y empuñadura eran de oro y plata labradas a martillo. Seguía la presidencia con todos los estandartes y, detrás, los caballeros de Córdoba, su tierra, y los de Granada, presididos por el Marqués de Cerralbo. El poeta Juan Latino dedicó una composición a éste traslado.

En febrero de 2006 se constató, por el Instituto Andaluz de Patrimonio, mediante análisis de ADN, que los restos humanos depositados en dicha tumba de los Jerónimos ¡¡ no son los del Gran Capitán!!, sin lugar a dudas. Ahora mismo se está investigando de quien son los restos que se suponían eran de Gonzalo y se está a la búsqueda de los restos auténticos. Todos nos tememos que el ejército napoleónico hizo de las suyas, debieron de profanar la tumba, seguramente buscando venganza de las numerosas derrotas sufridas por sus antepasados en el reino de Nápoles, a buenas horas.....

Lápida en Los Jerónimos (Granada)

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